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Zedillo y el juego de espejos: Ignacio Mier Velazco

  • La advertencia neoliberal que oculta su propio legado

Las recientes declaraciones del expresidente Ernesto Zedillo, en las que advierte sobre los “peligros autoritarios” en el México actual, han reabierto el debate sobre el papel que jugó su gobierno en la configuración del sistema político que hoy critica. Lejos de ser una voz neutral o desinteresada, Zedillo habla desde el pedestal de un modelo que él mismo diseñó: uno que concentró poder, privatizó responsabilidades y maquilló la desigualdad bajo el discurso del “progreso institucional”.

Durante su sexenio, Zedillo rediseñó la arquitectura judicial y electoral bajo una lógica de control político refinado. Promovió una independencia “de papel” del Poder Judicial, mientras colocaba ministros afines y consolidaba un Consejo de la Judicatura Federal donde el juez y el vigilante eran la misma figura. En nombre de la modernización, sustituyó la obediencia vertical del viejo priísmo por la dependencia técnica de una nueva élite: los tecnócratas.

Si bien bajo su mandato se consolidaron reformas que permitieron la alternancia presidencial, esta transición se dio sobre los escombros de una economía entregada a intereses extranjeros, una justicia condicionada y una ciudadanía convertida en deudora perpetua. La impunidad en casos como la masacre de Acteal y la conversión de deuda privada en pública tras la venta de bancos saneados marcaron su gestión.

Zedillo representa el rostro académico del neoliberalismo mexicano: el que predica libertad de mercado en foros internacionales mientras asesora a las mismas corporaciones que antes rescató con recursos públicos. Su visión del Estado de derecho como garantía del libre mercado fue, en la práctica, una coartada para el poder económico.

Por ello, cuando el exmandatario acusa al actual gobierno de concentrar poder y poner en riesgo la democracia, conviene recordar que la democracia mexicana bajo su administración nació condicionada: con un sistema electoral costoso, un Poder Judicial dócil y un modelo económico excluyente.

Las advertencias de Zedillo no provienen de un observador inocente. Habla el padre de la tecnocracia mexicana, el gerente de la transición controlada, el administrador del espejismo. El verdadero peligro para México no es la hegemonía de Morena y sus aliados, ni el supuesto autoritarismo del presente, sino el cinismo de quienes diseñaron los instrumentos del poder concentrado y hoy se presentan como sus víctimas.

Zedillo encarna ese doble espejo: el del economista que predicó libertad y practicó monopolio; el del presidente que invocó justicia y la subordinó; el del reformador que prometió democracia y dejó deuda.

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